Sentado en el banquito del parque, pensando, perdiéndome en mi, lo hacía muy a menudo aquellos días, quizá con demasiada frecuencia.
Las hojas del árbol caían, el invierno se acercaba. Miré la misma imagen pero mas fría, sin ella.
Había sido difícil verle marcharse pero permanecer a mi lado, por más que intente traerla de nuevo, no lo logré.
Una noche de agosto fuimos a dar una vuelta, ella no se sentía del todo bien pero quería verla, estar con ella. Le prometí cuidarla, prometí que volvería bien a casa. Yo me marcharía lejos pronto y necesitaba llevarme conmigo su rostro, quería estar con ella hasta el último momento.
Una preciosa noche, ella se durmió en mi regazo y sin querer despertarla, la tome en mis brazos y la lleve a mi camioneta. Inicie el camino a casa pero me desvié por la montaña por problemas en la vía.
Recuerdo que había llovido toda la tarde y lloviznado durante la noche, la carretera estaba resbalosa pero me esforcé por conducir con cuidado. La miraba constantemente, confirmando que estaba bien. Recuerdo haberme distraído, se veía adorable mientras dormía, mientras abrazaba mi suéter, el cual me había quitado. La vi refugiarse en el aroma del mismo, olía a mi y ella lo adoraba por alguna extraña razón que yo desconocía.
Volví la vista al frente y un camión de carga venía bajando, giré el volante y la camioneta se coleó, me estrelle contra un árbol y el camión siguió, pude esquivarlo.
Al instante volteé buscándola pero solo encontré la puerta del copiloto abierta de largo a largo, corrí fuera del auto en su búsqueda.
La encontré, si. Tirada en el suelo, se había roto la cabeza con una piedra, pude ver la sangre en la misma y en la hierba.
No supe que hacer y la llevé a casa, su madre enfureció y exigió llevarla a una clínica de inmediato. Ella aún no había despertado cuando llegamos al lugar, su madre reclamo y lamento durante largo rato, mas yo no pude hacer nada mas que preocuparme por mi pequeña.
Pasaron días y ella no despertaba y si lo hacía era por segundos, pocas veces abría del todo los ojos, en sus intentos fallidos, siempre me buscaba, apretaba mi mano y su agarre se desvanecía al igual que ella.
Una semana mas tarde, despertó. Se sentó sobre la cama y examinó mi rostro, confundida. Sus familiares esperaban ansiosos a que hablase, ella solo les miraba confundida, no parecía entender.
Me pidió que me acercara, lo hice.
-¿Quiénes son?...- pregunto en un susurro a mi odio.
La mire sin comprender pero la incógnita permanecía dibujada en su rostro.
-Tu...Tu familia, pequeña.- respondí con un tono casi inaudible pero ella me había escuchado con claridad.
-Mi...¿Mi familia?...- preguntó en el mismo susurro, miro sus rostros pero no parecía sentirse familiarizada con ninguna persona, salvo conmigo.
-¿Sabes... Sabes quién soy yo?...- pregunté temiendo su respuesta. Su rostro se ilumino por un instante y asintió.
-¿De verdad lo sabes...?- insistí, emocionado.
Negó con la cabeza, insegura.
-No estoy segura... pero recuerdo tu rostro... Se que eres alguien importante...-
Mis ojos se llenaron de lágrimas al igual que los de su madre, ella me miró desesperada pero solo baje el rostro y salí de la habitación. Corrió detrás de mi y tomándome con fuerza por los hombros, me exigió una explicación pero no pude pronunciar palabra, corrieron dos lagrimones por mis mejillas y ella no tardo en lanzarse a mi brazos a llorar con ruidosos sollozos.
Los doctores afirmaban que se trataba de perdida de memoria temporal, los días transcurrían y solo hablaba de haberme visto una vez.
-¿Qué hacíamos esa noche?...-
-¿Qué noche?- pregunté girando el rostro para mirarla, me encontraba sentada a su lado mirando el suelo.
-Esa noche... creo que estaba acostada sobre tu regazo y tu me mirabas... era una noche brillante... fue... fue hace mucho, ¿no es así?-
La miré extrañado y una esperanza nació en mi interior.
-No... fué justo antes de esto... ¿Recuerdas algo mas?- pregunté con cierta emoción.
-No... Es todo cuanto recuerdo... nada mas...- lo lamentaba, note pesadez en su mirar.
-No te preocupes... me tienes aquí, no hay apuro...-
-Lo se- contestó y me abrazó. Clavo su rostro en mi cuello y le escuche inhalar con fuerza, levanto su rostro interrogante.
-Solía gustarte mucho hacer eso...- contesté con una media sonrisa, surgió curiosidad en su mirar y volvió a inhalar el aroma en mi cuello.
-Me gusta mucho... es como... como estar en casa... -
Levanto su rostro pero con mis brazos le obligue a enterrar su rostro en mi hombro, la abracé con fuerza y lloré. Sintió mis lágrimas en su mano y se estremeció.
-Perd...- intentó hablar pero la hice callar, estuve abrazado a ella por un largo rato, casi pude dormirme en sus brazos.
-
La dieron de alta luego de semanas y estudios. Si, había perdido la memoria. No estaban seguros si se trataba de perdida temporal o permanente... Aconsejaron estimular su mente con recuerdos y esperar a que recordase algo y bien, me encargue de ello.
Ella odiaba estar en su casa, no recordaba nada sobre el lugar y le incomodaba tanta atención por parte de su familia. La llevaba a los sitios que solíamos frecuentar, en ocasiones lloraba pero desconocía la razón. En otras ocasiones solo me abrazaba y miraba el lugar, hacía comentarios y estos me hacían pensar que aún recordaba nuestra historia.
-¡la hormiga!- grito de pronto.
-¿Qué hormiga?- pregunte mirando sus manos. Nos habíamos sentado debajo de un árbol a mirar a nuestro alrededor.
-Pues... no lo se. De pronto vi una imagen de mi gritando que algo me había picado, tu mirabas mi mano...- nostalgia en su voz.
-¿Recuerdas algo más?- quise saber.
Negó con la cabeza y yo asentí, la tome de la mano y caminamos durante horas.
Con el tiempo pude ver que no recordaba nada en concreto, pasaron dos años y ella se enamoró de mi, salimos por un año y decidió dejar su casa, recuerdo que dijo estar cansada de aquellas personas, no las recordaba, no sentía afecto alguno por ninguna de ellas.
-Soy tu madre, ¿Cómo puedes marcharte?- pregunto su madre confundida, dolida.
-No eres mi madre... Yo... Yo no se quien eres...- dijo ella sin mas, lamentándolo.
Su madre no quiso discutirle mas, millones de veces habían hablado al respecto, se veía venir aunque yo por mi parte insistí en que se quedara con su familia, pero terca como ella sola, quiso marcharse.
-¿Puedo pedirte algo...?- acomodaba sus maletas en la parte de atrás de mi auto, yo la llevaría a su nuevo hogar.
-Claro... dime, bella.- contesté.
-Eres... lo único que tengo... lo único que conozco... - dudo, mordió su labio inferior pero le alenté a seguir.
-¿Te irías conmigo?...a vivir conmigo...- bajó la mirada, avergonzada.
La mire mientras dudaba, no quería hacerlo pero no sabía porque así que acepte.
Bien, las cosas en cierta forma, mejoraron. Empecé a querer a aquella nueva chica, luego de casi cuatro años a su lado, finalmente empezaba a quererla pero me era insoportable estar a su lado puesto que no dejaba de pensar en la persona que un día fue.
Simplemente no podía olvidar quién había sido y verle de un modo diferente. No podía dejar quién ella solía ser a mi lado pero lo intente... lo intente por la chica que recordaba y por aquella nueva persona que surgía, lo intente por el amor que sin duda, sentía por ella, por su pasado, por la nueva habitante.
Una tarde estuvimos pintando las paredes de la habitación, manché su rostro accidentalmente y luego caímos uno sobre el otro entre carcajadas.
-Casi igual que la última vez, ¿recuerdas que tu madre quiso matarnos?- bromeé pero la sonrisa desapareció de sus labios.
-¿Qué?- las facciones de su rostro se deformaron y se alejo de mi tanto como pudo.
-Perdona... a veces lo olvido...-
-¡Olvídala ya!... No soy ella...- grito al borde del llanto.
-No puedo hacerlo... Porque si eres ella, por algo estamos juntos...- mi pecho dolió pero mantuve mi rostro inexpresivo, mis ojos fijos en ella.
-¿De quién es ese recuerdo entonces?... Esa noche la vivió ella y bien tu puedes recordarla como se que recuerdas otro sin fin de cosas que temes decirme...- luche por mantener mi tono de voz, luche por no herirla.
-Yo... No lo se... ¡Maldita sea!...- finalmente se hecho a llorar, cayo al suelo sobre sus rodillas y enterró su rostro en su regazo mientras agarraba su cabeza con fuerza.
Salí de la casa, volví al pasado.
Vague por horas, caminando llegué a un parque, maldije por lo bajo al notar que era el mismo parque pero entré y me senté en el mismo banquito, de nuevo.
Pasaron días y no quise saber de ella, pasó un mes y lo único que tenía de ella eran sus llamadas perdidas en mi celular.
A diario iba a sentarme al banquito del parque, a pensar, a perderme un poco más.
Pensaba en marcharme pronto, estaba lo suficientemente perdido para haber ignorado el ruido de un auto y de alguien caminar hacia mi, solo note su presencia cuando se sentó a mi lado.
Volteé y mire sus ojos enrojecidos, hinchados. Un rostro demacrado, manos temblorosas. Lo lamente, no quería herirla pero no pronuncie palabra alguna.
-¿Por qué haz venido a éste lugar?...- pregunto luego de un rato de silencio.
-Me gusta hacerlo... además que es mi lugar favorito...-
No contestó, empezó a oscurecer y el viento soplaba con fuerza, arrancaba las hojas de los árboles y estas caían libres sobre el suelo, parecían divertidas.
La escuche sollozar y una lágrima cayo por su mejilla.
-Me gusta ver las hojas caer...- comenté.
-Igual yo...- susurro.
-Me hace pensar en ti...-
-¿Por qué?-
-Porque solía gustarte mucho, solías correr entre ellas mientras caían... luego te tirabas al suelo y te revolcabas como si fueses una niña... - sonreí sin apartar la vista de los árboles.
-Por ello mi nostalgia...-
-Quizá...-
-Deja que las hojas caigan y volveré a ti...- susurró, casi no pude oírle pero estaba seguro de lo que había dicho. Volteé a mirarla.
-¿Qué?- pregunté.
Me miro y frunció el ceño.
-¿Qué acabas de decir?- pregunté con cierta histeria.
-No he dicho nada...-
No lo había entendido y sigo sin hacerlo. Solo supe que aquella tarde, mientras mirábamos las hojas, mi pequeña había vuelto para decirme que estaba allí...
Por ello me quede a su lado, volvía por instantes pero con el tiempo perdí esperanza y aprendí a amarla... Debo admitir que muy en el fondo anhelaba que volviera y quizá por aquella razón estuve con ella hasta su último aliento.
No, jamás volvió... Permanecí a su lado pero jamás volvió... Amé a la nueva persona pero no tanto como la ame a ella...
Detrás de su mirar, en su risa, en su forma de hablar, en sus acciones, en sus repentinas depresiones, en sus extraños miedos... Siempre supe que ella estaba allí, que jamás se había marchado pero que jamás había vuelto...
Para ti..